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Hnas.
Terciarias Capuchinas |
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Mártires |
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“Y
no temáis
perecer en los
despeñaderos…
por salvar la oveja
perdida”.
Sacrificadas
en la Guerra
Española
a causa de su
fe, murieron
dando testimonio
de amor y perdón.
Su proceso de
canonización
fue introducido
en 1991 y fueron
beatificadas
el 11 de mayo
de 2001. |
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Hna.
Francisca Javier de
Rafelbuñol |
Infancia
y Juventud
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| La
Sierva
de
Dios
Francisca
Javier
nace
en
Rafelbuñol-Valencia
(España),
el
24
de
mayo
de
1901.
Es
bautizada
con
el
nombre
de
María.
Sus
padres,
José
Fenollosa
y
María
Rosa
Alcaina
sencillos
agricultores,
ambos
pertencientes
a
la
Tercera
Orden
de
San
Franciso.
La
familia
estaba
formada
por
los
padres
y
diez
hijos
y
vivían
todos
bajo
la
doctrina
cristiana.
En
este
ambiente
religioso
transcurrió
la
infancia
y
juventud
de
Francisca
Javier,
mientras
iba
a
la
escuela
del
pueblo,
donde
realizó
estudios
primarios.
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Muy
devota
de
la
Madre
de
Dios,
Francisca
formaba
parte
de
la
Asociación
de
Hijas
de
María.
En
medio
de
los
trabajos
del
día,
no
olvidaba
la
lectura
espiritual,
especialmente
el
Evangelio
y
el
rezo
del
rosario.
Dice
un
testimonio:
“con
estos
antecedentes,
no
es
de
extrañar
que
naciese
de
modo
natural
en
ella
la
vocación
religiosa”.
Cuando
expuso
la
idea
de
ingresar
en
religión,
su
madre
se
opuso,
porque
María
era
su
brazo
derecho
en
la
casa.
El
director
espiritual
de
su
hija
le
indicó
la
obligación
que
tenía
de
no
impedirle
la
entrada
en
religión. |
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Hna
Francisca
Javier
de Rafelbuñol
María
Fenollosa |
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| Religiosa
Terciaria Capuchina |
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Ingresó
al postulado
el 15 de noviembre
de 1921, vistió
el hábito
el 11 de mayo
de 1922, y
en 1924 de
esta misma
fecha, emitió
sus votos
temporales.
La profesión
perpetua el
30 de agosto
de 1928.
Antes de
iniciar sus
servicios
se preparó
para el apostolado
y perfeccionó
sus conocimientos
musicales.
Daba clases
de música
a las niñas
internas.
Fue ayudante
de la maestra
de novicias
del repleto
noviciado
de aquel entonces. |
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| Perfil
Humano-Religioso |
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La Hermana
Francisca
Javier es
descrita como
una religiosa
muy bien parecida,
afable, alegre
y piadosa.
Destacan su
prudencia,
ecuanimidad,
sencillez,
humildad.
Era respetuosa
con todos
y gran emprendedora.
Cumplía
sus deberes
con alegría
y eficacia,
al fin de
los cuales
gozaba recogiéndose
en el silencio
y acudiendo
a la Eucaristía,
de la cual
era devota.
Las visitas
que realizaba
a su familia
las aprovechaba
para reunir
jóvenes
y rezar con
ellas el rosario,
además
de hablarles
de la importancia
de la oración.
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