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Hnas.
Terciarias Capuchinas |
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Mártires |
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“Y
no temáis
perecer en los
despeñaderos…
por salvar la oveja
perdida”.
Sacrificadas
en la Guerra
Española
a causa de su
fe, murieron
dando testimonio
de amor y perdón.
Su proceso de
canonización
fue introducido
en 1991 y fueron
beatificadas
el 11 de mayo
de 2001. |
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Hna.
Rosario De Soano |
Infancia
y Juventud
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"Toma,
te lo
entrego
en señal
de que
te perdono"
La
sierva
de Dios
Rosario
nació
el 13
de mayo
de 1866
en Soano-Santander
(España).
Era hija
de Antonio
Quintana
y Luisa
de Argos,
y fue
bautizada
con los
nombres
de Petra
María.
Creció
en una
familia
ejemplar
que
se distinguía
por
su laboriosidad
y por
la vivencia
de los
compromisos
cristianos.
Pasó
la juventud
ayudando
a la
familia
en las
labores
propias
de la
casa
y del
campo.
El Señor
la probó
desde
muy
joven:
a los
14 años
perdió
a su
madre. |
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Este triste
hecho
la condujo
a suplirla
en los
quehaceres
de la
casa,
en el
cuidado
de sus
hermanos
más
pequeños
y en la
ayuda
a su padre
en las
faenas
agrícolas.
Joven
muy
piadosa,
perteneció
a la
Tercera
Orden
de San
Francisco.
Atestigua
una
de sus
sobrinas:
"las
circunstancias
familiares,
su formación,
la dirección
espiritual
y un
sermón
que
pronunció
el Padre
Luis
Amígó,
la inclinaron
a consagrarse
al Señor”
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Hna.
Rosario De
Soano
Petra María
Quintana |
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| Religiosa
Terciaria Capuchina |
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El
8 de mayo de
1889, con 23
años,
ingresó
en la Congregación,
en el Santuario
de Benaguacil
(Valencia).
A los pies de
la Virgen María
se convenció
de que Dios
la quería
para Él.
Vistió
el hábito
el 1 mayo de
1890, cambiando
el nombre de
Petra María
Quintana por
el de Rosario
de Soano.
El 14 de mayo
de 1891, hizo
su primera profesión
en el convento
de Masamagrell
y el 14 de mayo
de 1896, sus
votos perpetuos.
Desempeñó
con dedicación
los servicios
que la obediencia
le encomendara:
superiora y
consejera general,
maestra de novicias
y limosnera
de puerta en
puerta. |
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| Perfil
Humano-Religioso |
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La
Hermana Rosario
poseía
un carácter
alegre y afable,
a la par que
don de gentes.
Era acogedora,
sencilla, humilde
y austera, cualidades
que se notaban
en su amor especial
por los más
pobres y necesitados.
Con esfuerzo,
constancia y
tesón
fue adquiriendo
sus conocimientos
intelectuales,
los propios
de aquella época.
Sobresalía
en el espíritu
de fe, práctica
de la caridad,
fidelidad a
Dios y al prójimo.
Y en su profunda
devoción
por la Eucaristía. |
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