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Ago. 21 2008

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Hnas. Terciarias Capuchinas

 

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Hnas. Terciarias Capuchinas
 
  Fundador


 
Fray Luis Amigó y Ferrer

José María, quien al hacerse capuchino recibe el nombre de
Fray Luis de Masamagrell, nace un 17 de octubre de 1864 en Masamagrell- Valencia - España, año en que la Iglesia proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción.
 

Bondad
 
   
   
1854 - 2004
150 años de su natalicio
Fueron sus padres Don Gaspar Amigó y Chulvi Y Doña Genoveva Ferrer y Doset, personas de gran espíritu de fe que supieron dar a sus hijos un digno ejemplo de vida cristiana y una esmerada educación en los valores del Evangelio.

Gozó de un ambiente espiritual favorable, sus padres eran piadosos y muy católicos.

Nació dotado de un temperamento bondadoso y caritativo. Desde muy joven practicó las obras de misericordia en las cárceles y hospitales.

Muere el 1 de octubre de 1834, a los 80 años y gozoso de ver el Celo Apostólico de sus hijas en tierras Americanas.





 
Devoción
   


Se rodeó de amigos mayores que Él, e inclinados a la piedad
En el seminario conciliar aprendió arte y oficios tan útiles para sus hijos espirituales.

Durante su estadía en el seminario, su vida transcurrió serena y pacífica.

Se formó en un ambiente marcado por el franciscanismo seglar.

Ingresó al seminario conciliar de los 11 a los 19 años.

En sus años de administrador apostólico de Solsona sintetiza su reflexión sobre las parábolas de la misericordia en la amable figura del Buen Pastor “doy mi vida por mis ovejas” como lema de su escudo episcopal.


En el noviciado con más fuerza fortalece el espíritu de profunda sencillez y humildad, pobreza y simplicidad. Se ejercita sobre la caridad y el ardor apostólico virtudes propias del seráfico padre San Francisco.

Tenía la devoción de meditar todos los días sobre la “pasión de Cristo y así mismo los dolores de la madre del Señor contemplándola al pie de la cruz”. De ahí su devoción a la Madre Dolorosa.





 
Espiritualidad
   

Incorpora a su propia espiritualidad: “no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner para salvar la oveja perdida”

Reflexionaba en los Evangelios y las cartas paulinas aquellos textos marcados por la piedad, la misericordia y la redención.

Le son muy queridas las parábolas de la misericordia: El hijo pródigo, la oveja perdida, el buen pastor, la resurrección del hijo de la viuda de Naím.

La familia, los amigos, el seminario, el mismo ambiente ciudadano van configurando en Él una espiritualidad evangélica, franciscana y mariana.

 



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