Incorpora
a su
propia
espiritualidad:
“no
temáis
perecer
en los
despeñaderos
y precipicios
en que
muchas
veces
os habréis
de poner
para
salvar
la oveja
perdida”
Reflexionaba
en los
Evangelios
y las
cartas
paulinas
aquellos
textos
marcados
por
la piedad,
la misericordia
y la
redención. |
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Le
son
muy
queridas
las
parábolas
de la
misericordia:
El hijo
pródigo,
la oveja
perdida,
el buen
pastor,
la resurrección
del
hijo
de la
viuda
de Naím.
La
familia,
los
amigos,
el seminario,
el mismo
ambiente
ciudadano
van
configurando
en Él
una
espiritualidad
evangélica,
franciscana
y mariana. |