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Hnas.
Terciarias Capuchinas |
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Mártires |
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“Y
no temáis
perecer en los
despeñaderos…
por salvar la oveja
perdida”.
Sacrificadas
en la Guerra
Española
a causa de su
fe, murieron
dando testimonio
de amor y perdón.
Su proceso de
canonización
fue introducido
en 1991 y fueron
beatificadas
el 11 de mayo
de 2001. |
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Hna.
Serafina de Ochovi |
Infancia
y Juventud
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La
Sierva
de Dios
Serafina
nació
en Ochovi,
Pamplona-Navarra
(España),
el 6 de
agosto
de 1872,
y fue
bautizada
con el
nombre
de Manuela
Justa.
Era hija
de Hilarión
Casimiro
Fernández
y Juana
Francisca
Ibero.
Creció
en una
familia
numerosa
profundamente
cristiana,
sencilla
y trabajadora,
que
vivía
pobremente.
Fruto
de este
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ambiente
surgieron
las vocaciones
de dos
capuchinos
y dos
terciarias
capuchinas.
La respuesta
de sus
padres
refleja
el talante
de la
familia:
“si
tenéis
vocación,
id a servir
al Señor...”
La
niñez
de Manuela
Justa
transcurrió
feliz
y tranquila,
rodeada
del
cariño
de los
suyos.
Frecuentaba
la escuela
del
pueblo,
que
alternaba
con
trabajos
domésticos
y los
juegos
propios
de la
edad.
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Hna.
Serafina de
Ochovi
Manuela Justa
Fernández |
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| Religiosa
Terciaria Capuchina |
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En
el Santuario
de Montiel (Benaguacil),
a los 15 años,
el 8 de mayo
de 1887, ingresó
en la Congregación,
recién
fundada por
el Padre Luis
Amigó.
Fue admitida
al noviciado
el 14 de mayo
de 1890, y cambió
su nombre de
pila por el
de Serafina
María
de Ochovi. Hizo
su primera profesión
el 14 de mayo
de 1891 y sus
votos perpetuos
en 1896.
Su vida religiosa
se desarrolló
pacífica
y normal,
cumpliendo
ejemplarmente
los oficios
que la obediencia
le señalaba,
en la enseñanza
de niñas
huérfanas,
en la postulación
para el sostenimiento
de las mismas,
o en cualquier
faena doméstica.
Fue consejera
general seis
sexenios consecutivos
y superiora. |
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| Perfil
Humano-Religioso |
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La
hermana Serafina
fue muy amada
por sus hermana
de congregación,
a causa de su
caridad para
con todas, por
su ejemplaridad
en la observancia
y por su talante
paciente, comprensivo
y humilde.
Era amante del
trabajo y de
los más
necesitados.
En todas sus
acciones sobresalía
su gran sentido
de justicia,
la rectitud
y el cuidar
todo hasta el
mínimo
detalle.
De carácter
serio, firme
y franco, sin
doblez, su mayor
placer le venía
dado en la oración
ante el Santísimo
Sacramento.
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