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Nuestra
experiencia en la
cárcel de
mujeres, fue muy
enriquecedora, aprendimos
a reconocer el verdadero
sentido de la libertad,
ya que nosotras
el día a
día lo vivimos
siempre de la misma
forma sin reconocer
que los pequeños
detalles son los
que hacen hermosa
la vida.
Antes de llegar
a la cárcel,
hicimos una actividad
en el colegio para
entrar en sintonía
y recogimos todos
los útiles
de aseo que íbamos
a llevar.
Desde el comienzo,
todas teníamos
muchas expectativas,
algunas, tal vez
sentían temor
por lo que podría
suceder, sin embargo,
llegamos con una
actitud muy asertiva.

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Al llegar allá,
esperamos un tiempo
afuera, luego empezaron
las requisas, nos
pusieron un sello
de seguridad y en
el fondo nos esperaba
la trabajadora social,
quien nos explico
un poco la labor
que ella realiza;
lo que mas me impacto,
fue que a su lado,
se encontraban unas
reclusas embarazadas
y junto a ellas
una pequeña
e inocente niña,
a quien le ha tocado
vivir encerrada
desde su nacimiento
sin haber cometido
delito alguno y
que al cabo de 3
años la retiraran
de la compañía
de su madre.
Después llegamos
al patio donde nos
esperaba el jefe
de seguridad de
la cárcel,
éste nos
menciono el funcionamiento
de la prisión
y nos explicó
que DELINQUIR NO
PAGA, que tarde
o temprano los malos
caen y que no es
provechoso cometer
un crimen porque
las consecuencias
son peores.
Enseguida procedimos
a entrar al modulo
donde estaban las
celdas, los lavaderos,
los baños,
la capilla (fue
construida por el
colegio la merced),
recorrimos todos
los lugares en donde
ellas estudian,
trabajan y pasan
todos los días.
Aquellas mujeres
fueron muy amables
con nosotras, nos
saludaron con mucho
agrado aunque a
algunas se les notaba
el rostro de amargura,
desesperación,
de arrepentimiento
de tristeza y desolación.
Para finalizar,
nos llevaron a una
sala y una reclusa
llamada Sandra nos
contó su
historia de vida.
Éste fue
un momento muy emotivo,
todas lloramos a
medida que nos contaba
su experiencia,
en realidad movió
lo mas profundo
de nuestro ser.
Ella lleva 8 años
en la cárcel
y todavía
le faltan 24 años
privada de su libertad,
a pesar de todo,
ella está
muy apegada al Señor
y espera vivir para
conocer a sus nietos
estando en libertad.
Al igual que ella
hay muchos casos
de mujeres que por
hacer mal las cosas
terminaron destrozando
su vida y que por
un largo rato permanecerán
limitadas en su
existencia.
Para concluir, considero
que aquella gran
experiencia nos
dejó una
bonita reflexión
y es que muchas
veces pensamos que
las decisiones que
tomamos en nuestra
vida son solo por
un instante, pero
en realidad en algunas
ocasiones éstas
nos pueden marcar
de por vida y podríamos
llegar a parar encerradas
en cuatro paredes.
Por esto, debemos
escoger bien nuestras
amistades, hacer
caso a nuestros
padres y nunca desprendernos
del amor de Dios.
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