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Feb. 07 2012

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Avenida Endless 2009
 
   
 
 

Silvia Daniela
Osorio Arias

   







 

 

 

 



Cuando las águilas hacen el nido para sus polluelos, lo hacen de una manera muy particular: estos son construi-dos en las partes mas altas de peligrosos acantilados, hechos cuidadosamente con ramas de espinas, revestidas de mate-riales blandos y suaves como plumitas y lanas para dar calor, comodidad y protección temporal. A medida que los polluelos van creciendo, sus padres van quitando poco a poco las plumas, las cosas suavecitas, y las crías van sintiendo los puyones de las espinas hasta que los lastima y se incomodan…

Algo alegórico en lo personal, eso me pasaba; yo era como esa cría que pensaba tal vez que todas esas espinas y púas eran para fastidiarme y hacer la vida más tensa, pero en realidad ahora, viendo el fruto del trabajo, puedo darme cuenta que no solo es mi esfuerzo, sino también el de muchas otras personas que tal vez yo sin darme cuenta, están tras de mi ayudándome y dándome ánimo para triunfar y seguir adelante, aquellas personal que quieren lo mejor para mí y me enseñaron a ir creciendo en autorresponsabi-lidad, y que tantos esfuerzos y regaños tendrán recompensa.

A mis padres les quiero decir: gracias por todo lo que han hecho por mi, yo se que ningún esfuerzo es en vano y espero dar todo de mi parte para ser mejor cada día, gracias por haber quitado a tiempo aquellas cosas que creía incomodas pero que en realidad no eran lo mejor para mí. Porque pensé que eran como espinas el presionarme para que estudiara o para hacer mejor las cosas, pero que verdaderamente es un gran aporte para mi formación y para la preparación de mi propio vuelo. También gracias por aquellas lecciones que me enseñaban a no hacer de la libertad un libertinaje.

Al colegio le doy muchas gracias porque a pesar que no competí mucho tiempo, creo que fue suficiente como para saber que este es nuestro segundo hogar.

Los profesores se preocupan como nuestros padres, que tam-bién nos puyan para que tomemos decisiones, que cree-mos fastidiosas pero ayudan a nuestro futuro profesional.


A Dios le doy gracias todos los días por permitirme vivir, por pertenecer a la familia que le sirve, por darme la oportunidad de ser quien soy y estar en donde estoy, por conocer toda esta gente que hace mi vida feliz, y porque se que estaré tranquila el día que me muera con lo que he hecho por mi vida espiritual.

También quiero darle gracias a todas mis compañeras y amigas, quienes me acogieron muy bien en el grupo y a la vez ayudarme en todas mis dificultades. A ellas con las que compartí momentos que nunca olvidare, una época imborrable y espero que siempre sigamos en contacto.

Finalmente las crías de las águilas no tienen más remedio que aprender a volar y tomar la de-cisión de enfrentarse a ese acantilado que deberán atrave-sar. Así mismo, todos tenemos problemas, pero todo nos ayuda para bien, y aunque pasemos por malos momentos siempre va a estar alguien apoyándonos y velando por que estemos bien, como esas águilas que a pesar que ponen esas espinas en su nido, no lo hacen por lastimar a sus crías, sino para que ellos aprendan por la experiencia y sepan que ya es tiempo de ma-durar y salir del nido, para en-frentarse a un mundo lleno de nuevas opciones y posibilidades, de las cuales hay que escoger el mejor camino si olvidar como fue que aprendió a volar.


   

   
   

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