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Cuando
las
águilas
hacen
el nido
para
sus
polluelos,
lo hacen
de una
manera
muy
particular:
estos
son
construi-dos
en las
partes
mas
altas
de peligrosos
acantilados,
hechos
cuidadosamente
con
ramas
de espinas,
revestidas
de mate-riales
blandos
y suaves
como
plumitas
y lanas
para
dar
calor,
comodidad
y protección
temporal.
A medida
que
los
polluelos
van
creciendo,
sus
padres
van
quitando
poco
a poco
las
plumas,
las
cosas
suavecitas,
y las
crías
van
sintiendo
los
puyones
de las
espinas
hasta
que
los
lastima
y se
incomodan…
Algo
alegórico
en lo
personal,
eso
me pasaba;
yo era
como
esa
cría
que
pensaba
tal
vez
que
todas
esas
espinas
y púas
eran
para
fastidiarme
y hacer
la vida
más
tensa,
pero
en realidad
ahora,
viendo
el fruto
del
trabajo,
puedo
darme
cuenta
que
no solo
es mi
esfuerzo,
sino
también
el de
muchas
otras
personas
que
tal
vez
yo sin
darme
cuenta,
están
tras
de mi
ayudándome
y dándome
ánimo
para
triunfar
y seguir
adelante,
aquellas
personal
que
quieren
lo mejor
para
mí
y me
enseñaron
a ir
creciendo
en autorresponsabi-lidad,
y que
tantos
esfuerzos
y regaños
tendrán
recompensa.
A mis
padres
les
quiero
decir:
gracias
por
todo
lo que
han
hecho
por
mi,
yo se
que
ningún
esfuerzo
es en
vano
y espero
dar
todo
de mi
parte
para
ser
mejor
cada
día,
gracias
por
haber
quitado
a tiempo
aquellas
cosas
que
creía
incomodas
pero
que
en realidad
no eran
lo mejor
para
mí.
Porque
pensé
que
eran
como
espinas
el presionarme
para
que
estudiara
o para
hacer
mejor
las
cosas,
pero
que
verdaderamente
es un
gran
aporte
para
mi formación
y para
la preparación
de mi
propio
vuelo.
También
gracias
por
aquellas
lecciones
que
me enseñaban
a no
hacer
de la
libertad
un libertinaje.
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Al
colegio
le doy
muchas
gracias
porque
a pesar
que
no competí
mucho
tiempo,
creo
que
fue
suficiente
como
para
saber
que
este
es nuestro
segundo
hogar.
Los
profesores
se preocupan
como
nuestros
padres,
que
tam-bién
nos
puyan
para
que
tomemos
decisiones,
que
cree-mos
fastidiosas
pero
ayudan
a nuestro
futuro
profesional.
A Dios
le doy
gracias
todos
los
días
por
permitirme
vivir,
por
pertenecer
a la
familia
que
le sirve,
por
darme
la oportunidad
de ser
quien
soy
y estar
en donde
estoy,
por
conocer
toda
esta
gente
que
hace
mi vida
feliz,
y porque
se que
estaré
tranquila
el día
que
me muera
con
lo que
he hecho
por
mi vida
espiritual.
También
quiero
darle
gracias
a todas
mis
compañeras
y amigas,
quienes
me acogieron
muy
bien
en el
grupo
y a
la vez
ayudarme
en todas
mis
dificultades.
A ellas
con
las
que
compartí
momentos
que
nunca
olvidare,
una
época
imborrable
y espero
que
siempre
sigamos
en contacto.
Finalmente
las
crías
de las
águilas
no tienen
más
remedio
que
aprender
a volar
y tomar
la de-cisión
de enfrentarse
a ese
acantilado
que
deberán
atrave-sar.
Así
mismo,
todos
tenemos
problemas,
pero
todo
nos
ayuda
para
bien,
y aunque
pasemos
por
malos
momentos
siempre
va a
estar
alguien
apoyándonos
y velando
por
que
estemos
bien,
como
esas
águilas
que
a pesar
que
ponen
esas
espinas
en su
nido,
no lo
hacen
por
lastimar
a sus
crías,
sino
para
que
ellos
aprendan
por
la experiencia
y sepan
que
ya es
tiempo
de ma-durar
y salir
del
nido,
para
en-frentarse
a un
mundo
lleno
de nuevas
opciones
y posibilidades,
de las
cuales
hay
que
escoger
el mejor
camino
si olvidar
como
fue
que
aprendió
a volar.

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