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Y
de repente
quiero
salir
a correr,
y de
pronto,
empezar
a flotar,
no tengo
nada
en la
mente,
sólo
dejo
que
en ella
atraviesen
millones
de pensamientos,
e inunden
el momento,
acompañado
de la
brisa,
que
predice,
sentir
el sonido
del
carro
que
atraviesa
por
la avenida
y el
efecto
doppler
que
logro
sentir
(algo
de física),
un milenio
pasa,
suena
a lagrimas,
al mismo
tiempo
que
el señor
de enfrente
sostiene
a su
hija
de la
mano
aguardando
en la
parada
de bus,
delante
donde
dice
el cartel
“parada
de bus”,
justo
al lado
niños
en la
vía,
aguardando
como
lo hace
un gato
observando
el ratón
correr,
mientras
todos
gritan
en la
mesa,
hay
una
ratón!”
la señora
con
la falda
larga,
labial
rosa
y con
un corte
sofisticado
usa
todo
lo que
puede,
y deja
su atuendo
sofisticado
con
un enorme
alarido
que
deja
en el
momento
la satisfacción
de sentir
algo
fuera
de su
sofisticado
pensamiento
con
sofisticado
cuidado
que
suele
tener,
lo sé,
todo
es sofisticado,
y ya
dejaré
de repetir
esa
palabra,
un auto
en el
vacío,
y yo
aun
sigo
sentada
en el
pórtico
de mi
casa,
el día
ya no
dice
si se
pinta
con
luz,
o con
la ausencia
de esta,
no es
necesario
que
me lo
diga,
basta
con
su compañía,
si es
que
aun
no lo
entiendes,
es un
rumor
debajo
de la
piel,
que
pide
verme
en la
pared,
o en
el charco
de lluvia
que
dejo
al pasar
una
hora
atrás,
es verdad
soy
yo,
no leas
el cartel
que
está
justo
al lado
mío,
basta
con
seguir,
quiero
ver
que
puedo
encontrar,
pasando
por
el callejón,
ahora
estoy
en un
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despliegue,
ninguna
de las
dos
lo ha
advertido,
me encuentro
anclando
desde
mil
novecientos
noventa
y ocho,
y recorro
con
cuidado
cada
momento,
no puedo
decir
que
todo
este
intacto,
mi memoria
no es
de esas
que
dura
mucho,
no suele
hacerlo,
pero
aun
así
puedo
rescatar
muchas
cosas
que
traje
hasta
aquí,
me cae
una
bola
de papel,
una
canción
de ayer,
o tan
sólo
un movimiento
en singular,
en plural,
y risas
a su
alrededor.
Anclando
desde
mil
novecientos
noventa
y ocho,
no diré
lo que
esperan
que
diga,
y si
aun
no lo
entiendes,
es una
naturaleza
insaciable,
pero
no repentina,
que
puede
llegar
a parecer
fugaz,
que
sencillamente
paso
y nos
dimos
cuenta,
sólo
que
ahora
lo veo
con
ella,
pero
no puedo
negar
que
ahora
tengo
cuatro
ojos,
dos
de vidrio,
y uso
más
de un
atuendo,
odio
las
gaviotas,
y la
moda
ya es
otra,
pero
eso
a quien
le importa,
diría
que
son
detalles
minuciosos,
que
al verla
no daría
detalle
de ninguno,
a excepción
de mi
estatura,
pero
ella
ha crecido
conmigo,
y aunque
recuerda
más
que
yo,
sabe
que
el anclaje
que
llevo
hasta
hoy
sigue
como
un seguimiento
que
se deja
en el
mapa
para
hacer
las
indicaciones
y llegar
justo
al punto,
sin
contar
los
pasos,
sin
repetirlos,
con
sonidos
más
agudos
tonos
y los
más
bajos
silenciosos,
y no
diré
lo que
esperan
que
diga,
deseo
que
contemplen
lo que
prediga,
y desee
enseñar
en este,
unos
de mis
días.

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