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Lo
que
falta
por
escribir…
Yo creo
que
nuestros
padres
no se
dan
cuenta
de la
importancia
de escoger
el colegio
de los
hijos,
no académicamente,
si no
en el
hecho
de que
están
eligiendo
el lugar
donde
prácticamente
vamos
a crecer,
las
personas
que
compartirán
la vida
con
nosotros,
y aún
más
importante,
aquellas
personas
que
van
a enseñarnos
todo
lo que
saben
y que
van
a tratar
de que
seamos
mejores
personas;
así
que
lo primero
que
debo
hacer
es agradecer
porque
el Colegio
La Merced
quedará
tan
cerca
de mi
casa
y que
por
ello,
mis
padres
lo escogieran
para
que
fuera
el lugar
en el
que
yo recibiría
mi educación.
Hace
6 años,
cuando
apenas
iba
a entrar
a quinto,
me dijeron
que
me iban
a cambiar
de colegio,
la verdad
la idea
no me
gustaba
demasiado,
era
adaptarse
de nuevo,
conocer
gente
de nuevo,
ser
la “nueva”
de nuevo,
así
que
se imaginan
el miedo
que
tenía
ese
primer
día
de clases
en mi
nuevo
colegio,
y no
sólo
ese
día
son
el resto
del
año,
intentando
adaptarte
a un
mundo
nuevo.
Ahora
ya voy
en 11
y he
compartido
con
las
mismas
personas,
y otras
que
han
llegado
a través
de los
años,
todo
este
tiempo
que
he estado
allí,
y por
cada
año
que
pasa
agradezco
más
que
de todos
los
colegios
de Bucaramanga,
mis
padres
eligieron
el único
en el
que
realmente
llegué
a encajar.
Este
colegio
me ha
visto
crecer,
cometer
errores,
hacer
grandes
amistades,
perder
otras;
pero
lo más
importante,
es que
me ha
ayudado
a ser
lo que
soy
en este
momento
y por
nada
del
mundo
cambiaría
todo
aquello
que
viví
dentro
de esas
cuatro
paredes,
porque
son
todos
esos
momentos
los
que
marcan
la vida
y ayudan
a crecer
a una
persona,
para
bien
o para
mal.
Durante
todos
estos
años
aprendí
a superarme
a mi
misma,
me enseñaron
todo
lo que
necesitaba
saber,
me encontré
con
los
obstáculos
que
fortalecieron
mi perso-nalidad,
descubrí
la que
va a
ser
mi vocación,
conocí
a unas
personas
maravillosas
que
me guiaron,
vi como
nuestra
pro-moción
se convertía
en lo
que
es hoy,
vi cambiar
a todas
mis
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compañeras,
y a
la par
con
mis
amigas,
fui
creciendo,
aprendiendo,
equivocándome
y triunfando,
todo
a mi
manera,
hasta
llegar
a ser
lo que
soy
hoy.
Hace
un par
de años
me parecía
que
once
era
muy
lejano,
que
aquella
época
de salir,
dejar
el colegio
y enfrentarse
al mundo
era
algo
ajeno
a mí,
creía
que
a mí
jamás
me iba
a llegar
el turno
de crecer;
ahora
que
es mi
turno
de estar
en once,
de despedirme
de esta
institución,
todavía
sigo
sin
darme
cuenta
en que
momento
pasó
todo,
en que
momento
dejamos
de ser
las
niñitas
de primaria
esperando
el descanso
para
jugar,
a ser
las
jóvenes
de once,
las
que
tienen
todo
su futuro
por
delante
y a
las
que
les
llegó
el tiempo
de vivir,
tanto
disfrute
del
tiempo
que
pasó
entre
estas
dos
personas
que
casi
me olvidé
de que
todo
llegaría
a su
final.
Me parece
mentira
que
hace
menos
de un
año
todavía
estábamos
peleando
y riendo
cuando
buscábamos
un nombre
para
nuestra
familia,
nuestra
promoción;
buscando
algo
que
encerrara
la esencia
de todas
y cada
una
de sus
partes,
lo que
nos
iba
a representar
al momento
de irnos,
lo que
iba
a dejar
una
huella
profunda
en nosotras,
lo que
iba
a reunir
todos
nuestros
años
de colegio
en una
sola
palabra;
así
nació
Avenida
Endless,
en medio
de discusiones
tratando
de encontrar
una
palabra
que
se acomodara
a nosotras,
por
ello
mismo
resultamos
escogiendo
dos
palabras,
porque
una
jamás
sería
suficiente;
y no
creo
que
pudiéramos
haber
escogido
mejor,
porque
eso
es lo
que
somos,
una
avenida,
una
camino,
interminable;
nuestra
historia
juntas,
la carretera
que
construimos
entre
todas,
acaba
aquí,
pero
el gran
viaje,
la gran
aventura
de cada
una,
apenas
empieza,
y sólo
nos
queda
hacer
las
maletas
y elegir
el camino
que
nos
corresponda,
porque
todavía
nos
queda
mucho
por
recorrer,
tanto
como
nos
podamos
imaginar,
muchas
páginas
en blanco
por
escribir.
Y aunque
el mañana
es incierto,
sé
que
sin
importar
lo que
pase
todo
va a
estar
bien,
porque
al fin
de cuentas,
la gravedad
siempre
hace
que
todo
caiga
en su
lugar.
“No
son
nuestras
habilidades
lo que
muestran
lo que
somos…
Son
nuestras
decisiones”
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