Ha llegado
el momento
en el
cual
les
voy
a dar
a conocer
la felicidad
que
siento
al saber
que
el año
termina,
y que
por
fin
todas
nos
veremos
en un
salón
inmenso
y por
supuesto
muy
elegante,
recibiendo
nuestro
anhelado
diploma
de grado
, pero
a la
vez
les
manifiesto
la tristeza
profunda
que
tengo
en mi
corazón
y el
miedo
que
me da
saber
que
me tengo
que
marchar
de mi
colegio
en donde
práctica-mente,
nosotras
las
niñas
de once,
éramos
las
consentidas
y las
bebés
a las
cuales
nos
cumplían
todos
nuestros
ca-prichos,
y entender
que
tene-mos
que
enfrentarnos
a lo
que
verdaderamente
es la
vida
y luchar
nosotras
mismas
por
nuestras
metas
y objetivos.
Aunque
no estudié
todo
mi bachillerato
en este
colegio,
debido
a que
ingresé
a la
iins-
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titución
en décimo,
me he
sabido
acoplar
muy
bien
a éste,
y lo
he aprendido
a querer
tanto,
que
no me
quiero
ir,
y va
a ser
muy
duro
el último
día
de clases,
y las
ve-ces
que
tenga
que
abrir
mi closet
y ver
mi hermoso
uniforme
guar-dado
con
el buso
que
nos
carac-terizó
en once;
entre
mis
sen-timientos
confusos
también
quiero
darle
gracias
a las
per-sonas
que
nos
ayudaron
en esta
formación
la cual
no solo
fue
intelectual
sino
espiritual
a esa
personas
que
nos
aguantaron
cuando
teníamos,
sueño,
hambre
y berrinche
, esas
personas
que
siempre
nos
comprendieron
nos
ayudaron
y muchas
veces
nos
brindaron
además
de su
cono-cimiento
su amistad
y nos
trans-mitieron
su alegría.
Jessica
Paola
Prada
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