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Participar de la experiencia
en proyectos de aula
es un reto. Al trabajar
con dicha estrategia
estamos beneficiando
a las estudiantes. Ellas
aprenden más.
Sus risas, travesuras
y manera de pensar evidencia
el entusiasmo frente
al desarrollo de procesos,
al aceptar al otro en
todas sus dimensiones;
al encontrar, muchas
veces, más preguntas
que respuestas se motiva
un interés sostenido.
El
pequeño investigador
se adentra en un proceso
que con una buena dosis
de preguntas contextualizadas
escudriña lo
que encuentra a su alcance
permitiendo de esta
forma construir significativamente
un conocimiento, acorde
con sus intereses y
necesidades.
Los
maestros entienden que
su rol es el de mediador,
en los procesos siempre
atentos a las palabras
de los estudiantes.
Mientras se centra el
protagonismo en el estudiante.
Se retorna al postulado
de Freire de plantear
una Pedagogía
de la Pregunta en lugar
de dar respuestas y
se recurre a la insondable
curiosidad infantil,
que es parte de la investigación,
mas no ella en sí,
porque le falta sistematización,
regulación y
secuencia.
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