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Por:
Aminta Ospina
Febrero 25
El
miércoles de
ceniza se abre una estación
espiritual, particularmente
relevante para todo
cristiano que quiera
prepararse dignamente
para la vivencia del
misterio pascual, o
sea, el recuerdo de
la Pasión, Muerte
y Resurrección
del señor.
Este tiempo vigoroso,
sujeto a la ceremonia
de la Ceniza eleva nuestras
mentes a la realidad
eterna que no pasa jamás,
a Dios; principio y
fin, alfa y omega de
nuestra existencia.
La conversión
no es, en efecto, sino
un volver a Dios, valorando
las realidades terrenales
bajo la luz indefectible
de su verdad. Una valoración
que implica una conciencia
cada vez más
clara del hecho de que
estamos de paso en este
fatigoso itinerario
sobre la tierra, y que
nos impulsa y estimula
a trabajar hasta el
final, a fin de que
el Reino de Dios se
instaure dentro de nosotros
para que se cumpla su
justicia.
En una solemne ceremonia
celebrada en dos momentos,
primero las niñas
de primaria y preescolar
y luego bachillerato,
se llevó a cabo
la imposición
de la ceniza para cada
uno de los integrantes
de nuestra comunidad
educativa. Vivamos este
tiempo con el más
grande recogimiento
y la plena convicción
de lograr el mejor cambio
en cada una de nuestras
vidas.
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