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Ser
excelente
Maestro...
En tiempos
de cambio,
de historias
de vida
que transitan
acelerada
y estrepitosamente,
todo el
ser humano
está
asimilando
diversas
formas de
estar y
de ser en
el mundo,
en donde
la cultura
es cósmica
y la familia
está
asechada
a los cambios
acelerados
que trastornan
la paz y
el ambiente
hogareño
de antaño.
Siendo los
padres autoridad,
sinónimo
de respeto,
veneración
y admiración;
hoy son
para la
sociedad
familias
desechables
y frágiles
y frente
a esta realidad
la escuela
y la educación
son tocadas
en lo profundo
de sus raíces
porque sus
métodos
y estilos
de formación
necesariamente
deben afianzar
sus principios
para salir
al encuentro
de quienes
esperan
encontrar
una pedagogía
de la esperanza
fundamentada
en el amor,
la misericordia
y la tolerancia
que como
sabia nueva
renuevan
la vida
y reanime
en tiempos
de crisis
de falta
de identidad.
Y
hablando
de pedagogos
del amor,
en Jesús
de Nazareth
el maestro
por excelencia
el más
fidedigno
referente
para todo
hombre y
mujer; hablar
de amor
es hablar
de misericordia
como lo
señala
en las parábolas
llegando
a cada persona
para sanar
y curar.
Este encuentro
liberador
y dador
de vida,
pone de
relieve
a la persona
por encima
de leyes,
credos y
normas.
Y cómo
no recordar
el pasaje
del texto
en Lucas
que dice:
“yo
soy el buen
pastor,
el buen
pastor da
la vida
por sus
ovejas,
el ladrón
sólo
viene a
robar, matar
y destruir,
mientras
que yo he
venido para
que tengan
vida y la
tengan en
plenitud…
yo soy el
buen pastor
y conozco
a los míos
como los
míos
me conocen
a mi, …
“
(Juan 10,10
ss)
Y
como Jesús
de Nazareth
“el
maestro”,
Luis Amigó,
el fundador
del método
preventivo-persuasivo,
como fiel
seguidor
del Señor
al estilo
del pastor
nos deja
el legado
de educar
con el evangelio
y la espiritualidad
franciscana
desde la
compasión.
El perdón
y la misericordia
para que
el educando
desde opciones
libres y
conscientes
experimente
la necesidad
de formar
y educar
su propio
corazón.
El acto
educativo
Amigoniano
funde sus
raíces
en el texto
guía
del educador
Amigoniano.
(Juan 10,
1-16) en
donde cada
educador
conoce y
llama por
su nombre,
educa para
la vida,
camina delante
de ellos
y da ejemplo
de vida,
está
alegre entre
ellos, los
acoge y
acepta como
son, los
busca cuando
se extravían.
De
otra parte,
no podemos
dejar pasar
la propuesta
de un sin
numero de
educadores
ejemplares
que a lo
largo de
la historia
han contribuido
con la educación
y formación
de los miles
de seres
que asisten
a la escuela
para ser
moldeados
y transformados
en seres
capaces
de convivir
en épocas
complejas
como personas
que por
encima del
hacer son
seres gestores
de procesos
bien determinados,
en donde
la ciencia,
el arte,
la técnica,
y el saber
están
puestos
como pretextos
para lograr
personalidades
con características
apropiadas,
para asumir
retos y
desafíos
de la sociedad
que les
toca vivir.
Por tal
motivo,
no podemos
olvidar
el aporte
de Sócrates
y Zuleta
quienes
a través
de la práctica
del respeto
y la tolerancia
por el “otro”,
la palabra
y la reflexión,
entre otras,
son ejes
fundantes
en la existencia
de cada
ser humano
que valora
y ama la
vida.
Con
estos referentes
la misión
de ser maestro
hoy es un
desafió,
que cada
uno debemos
asumir no
como una
carga pesada
sino como
la posibilidad
de generar
vida, en
un mundo
de ideales
firmes en
donde la
vida sólo
se vive
para el
momento
sin buscar
lo trascendente
lo que perdura,
lo que da
autentica
felicidad,
es abrir
cada mañana
la mente
y el corazón
y lanzarse
a la tenebrosa,
y bella
aventura
de buscar
desde el
aula de
clase el
sentido
y respuesta
a la vida,
a las ideas,
a la pregunta
problémica,
a la encrucijada
del saber,
del ser
competente,
para que
dada educanda
interactué
con destreza
, brille
con luz
propia y
sea gestora
de grandes
ideas que
deje huella
en la historia
y en la
sociedad.
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|
Hablar
de vocación,
de profesión,
de conocimiento,
de talento
son piezas
de un sólo
concepto
ser. Y ser
maestro
con una
impronta
propia de
hombres
y mujeres
formados
en la verdad,
la disciplina,
la rectitud
y la confianza
en si mismos,
pues somos
capaces
de dar lo
que hemos
recibido
como valores,
costumbres,
ciencia,
arte y vida,
para apostarle
en el día
a día
al arte
de educar,
la mente
y la voluntad,
sin dejar
de lado
el sentir,
el amor,
potenciando
inteligencias
intrapersonales,
interpersonales
y transpersonales
que van
estrechamente
unidas al
autoconocimiento,
la valoración,
el autocontrol,
la coevaluación
y la evaluación
de sus aptitudes
y actitudes,
esto implica
apostarle
al ejercicio
arduo del
silencio,
la disciplina,
los sentimientos,
las creencias,
los gustos,
las necesidades,
las dudas
y preocupa-ciones
propias
de las niñas
y adolescentes
de hoy,
dentro del
marco de
la academia,
del arte,
la identidad
y la cultura
juvenil
actual.
Junto
con estas
premisas
está
la misión
evan-gelizadora
como docentes
Amigonianos,
que somos
llamados
a evangelizar
desde el
saber, la
ciencia
y la tecnología,
pues el
evangelio
como buena
noticia
de salvación
para todo
ser humano
creyente
continúa
siendo respuesta
a las necesi-dades
y pobrezas
del hombre
y la mujer
en la actualidad.
Por tal
en la institución
el proyecto
escuela
en pastoral
con directrices
bien funda-mentadas
es una invitación
a dar respuestas
acordes
con el proyecto
de vida
como propuesta
salvífica
en y para
la comunidad
educativa
Colmerced.
Como
dijera “Albert
Einstein”
dar ejemplo
no es la
principal
manera de
influir
en los demás;
es la única
manera,
este reto
sintetiza
sabiamente
el deber
ser del
educador
amigoniamo,
pues estamos
llamados
por carisma
a ir delante
de la oveja
extraviada,
llamarla,
e ir delante
de ella
para que
con nuestro
ejemplo
de vida
se estimule
y crea en
la salvación
que viene
de Jesús
buen pastor.
Quien alivia
y sana sus
heridas,
transformándola
en un ser
nuevo con
capacidad
para vivir
en construcción
de su propia
felicidad
desde un
proyecto
de vida
encarnado
en los valores
evangélicos,
políticos,
sociales,
cívicos
y culturales
para el
mundo presente
y futuro.
Finalmente,
vale la
pena resaltar
que la capacidad
social que
cada uno
posee está
altamente
lastimada,
pues el
rol en el
cual nos
movemos
nos ha alejado
del otro,
las antipatías,
el individualismo,
la insolidaridad
y la indiferencia
han generado
en cada
persona,
en cada
niño
y joven
la falsa
concepción
de vivir
solo y aislado,
en sus cosas
y en su
mundo; Interponiéndose
a las sanas
y armónicas
relaciones,
a conocer
al otro
para valorarlo
y aceptarlo
como es;
así
las cosas
como educadores,
acompañantes
de procesos
de formación
estamos
interpelados
por buscar
mecanismos
que nos
permitan
acercar
a los niños
y jóvenes,
para que
se vean
objetiva
y respe-tuosamente
como seres
con capacidades.
Con su potencial
propio de
seres que
construyan
la calidad
de vida,
de goce
por la creación,
el cosmos
y la cultura.
Esta
realidad
exige al
maestro
buscar la
excelencia
en el acto
educativo,
formativo,
en el ámbito
familiar
y colectivo
que cada
vez estamos
llamados
a construir
desde la
escuela
como el
lugar en
donde se
genera la
vida, la
esperanza
y el saber;
un maestro
que se mueve
no sólo
por su satisfacción
de necesidades
sino un
maestro
con vocación,
con profesionalismo,
con voluntad,
un
maestro
comprometido
con la
|
vida en un imperio de muerte
y
desesperanza.
Un
maestro
que
haga
realidad
el
lema
de
Luis
amigó.
“un
joven
que
se
educa
es
una
generación
que
se
salva”. |
|
Por.
Hna. Claudia
Patricia
Chaux Rojas
|
|
El
rol del
verdarero
Maestro
...
Quiero
comenzar
esta reflexión
aludiendo
al título
del libro
de Fernando
Savater,
“El
Valor de
Edu-car”,
ya que para
ser maestro
realmente
hace falta
valor, coraje,
pasión,
entusiasmo,
fe, opti-mismo,
alegría
y entrega
total, es
decir "voca-ción";
esa llamada
espiritual
a la responsabilidad,
a la gratuidad
y al desprendimiento
que conecta
con el deseo
de gozo
que da la
autorrealización.
La educación
tiene valor
en sí
ya que nos
permite
transformar,
cambiar
y mejorar
la realidad
que nos
rodea, al
mismo tiempo
que cambiamos,
nos transformamos
y nos mejoramos
a nosotros
mismos y
a nuestros
semejantes.
Aunque ya
hace varios
años
que me estoy
desempeñando
como coordinadora
académica,
también
fui maestra
por muchos
años
y es precisamente
toda esa
experiencia
la que más
me ha ayudado
a desempeñar
mi actual
cargo. Se
pudiera
decir que
tal vez
no están
todos lo
que son,
ni son todos
los que
están
cuando se
vive en
este medio
tan especial.
En el caso
particular
de los colegios
privados,
creo que
los docentes
son más
comprometidos
y la gran
mayoría
ama su profesión.
El mayor
problema
radica en
que cada
docente
se considera
el mejor,
razón
por la cual
no se acepta
fácilmente
la crítica.
También
existe en
algunos
la resis-tencia
frente al
cambio ya
que éste
desestabiliza
y obliga
a replantearse
algunos
paradigmas
que se habían
enraizado
fuertemente
dentro de
cada uno.
Es en el
aula de
clases donde
el maestro
debe hacer
uso de todas
sus cualidades
y aptitudes
para atrapar
a los estudiantes,
cumpliendo
con la doble
misión
de facilitarles
el aprendizaje
competente
de nuevos
conocimientos
y per-mitiendo
que su clase
sea el escenario
perfecto
para fomentar
y reafirmar
valores
éticos,
sociales,
personales,
familiares,
trascendentales,
etc.
En este
escenario
es en donde
mejor se
pueden apreciar
las cualidades
de un buen
maestro.
El maestro
debe ser
una persona
íntegra,
respon-sable,
investigadora,
creativa,
dinámica,
debe tener
liderazgo,
debe ser
conciliadora,
com-prensiva,
tolerante,
exigente,
preparada,
tener buen
manejo del
lenguaje,
ser persuasiva,
analítica,
crítica,
autocrítica,
auto reflexiva,
etc., para
poder dar
TESTIMONIO
de vida,
ante sus
pupilos.
Y no basta
con demostrar
todas estas
cualidades
al interior
de la institución;
en rea-lidad
toda su
vida debe
ser transparente.
Dicho de
esta forma,
parecería
que la labor
de maestros
no es para
mortales,
ya que el
ser humano
real tiene
también
muchas debilidades,
sin embargo,
es precisamente
aquí
donde se
puede medir
la verdadera
vocación
de quien
decide dedicar
su vida
a esta noble
misión.
La vocación
de maestro
es la que
hace que
trate-mos
de ser cada
vez mejores,
de buscar
cami-nos
que nos
ayuden a
la superación
personal,
de aprender
cada día
más,
de sacrificar
algunos
sueños
personales…
y todo,
pensando
en poder
entregar
lo mejor
de nosotros
a nuestros
estudiantes.
El maestro
sabe desde
el comienzo
que esta
profesión
jamás
lo hará
rico y que
ni siquiera
está
bien remunerada,
pero con
todo y eso
se entrega
totalmente
a ella.
El ser maestro
implica
muchas responsabilida-des,
debe planear
sus clases,
actualizarse
profesio-nalmente,
revisar
tareas y
trabajos,
realizar
evaluaciones,
asignar
calificaciones,
preparar
y participar
en eventos
cívicos
y culturales
de la escuela,
participar
en proyectos,
cuidar su
imagen ante
la sociedad,
etc. Y debe
darse el
tiempo para
ello, y
si no alcanza
a cubrir
todo esto
en su horario
de trabajo,
se ve en
la necesidad
de llevarse
el resto
a casa si
es que en
realidad
desea tener
el tener
el mayor
tiempo efectivo
de clase.
Sin embargo
esto sólo
lo sabemos
los maestros
y aún
sabiendo
que es una
profesión
que absorbe
gran parte
de nuestro
tiempo libre,
no lo tomamos
como una
pesada carga
porque estamos
enamo-rados
de ella
y porque
sabemos
que a cambio
recibimos
otras satisfacciones
e invaluables
experiencias
de vida.
No hay mejor
recompensa
que ver
la cara
sonriente
de un niño,
diciendo
“ya
entendí”
o “hoy
aprendí
algo nuevo”
o simple-mente
viendo que
un estudiante
cambió
positiva-mente
un comportamiento
gracias
a nuestra
dedicación.
Como
ya se mencionó,
la labor
del docente
no se detiene
una vez
fuera del
aula de
clase, todo
lo contrario.
Prácticamente,
el maestro
vive su
vida en
función
de su |