En la Iglesia somos enviadas
a Evangelizar con el testimonio de la propia
vida, el ejercicio de la caridad y el anuncio
de la Palabra, a cuántos nos necesitan
preferentemente a los más pobres y necesitados.
Imitando la actitud del Buen Pastor, realizamos
nuestra misión con la niñez, la
juventud en el campo de la educación,
la protección y reeducación; en
la asistencia a los enfermos, en la acción
pastoral de la Iglesia y en los ambiente y lugares
de Evangelización inicial o de misión.
En nuestra cotidianidad, nos sentimos hermanas
de todos, viviendo como verdadera familia de
hermanas a imitación de Nuestro Padre
San Francisco.
La figura de un Cristo Evangélico,
pero profundamente misericordioso y redentor,
constituye el núcleo fundamental. Esta
figura aporta a su espiritualidad una connotación
dolorosa y corredentora bien precisa.
Luis Amigó la recoge en torno a la figura
de la Virgen de los Dolores.
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